El sufrimiento de las familias de personas desaparecidas volvió a ocupar las calles de la capital potosina. Un mes después de la desaparición de Daniela Martell Orozco, sus familiares, amigos y personas solidarias marcharon nuevamente, exigiendo respuestas. No estuvieron solos en su lucha. Se unieron a ellos otras familias que, al igual que ellos, viven con la incertidumbre de no saber el paradero de sus seres queridos, entre ellas, la familia de Jenaro de Jesús Puente Contreras, un joven de 22 años desaparecido en marzo de 2024 en la comunidad de Bocas.

Las calles se llenaron de voces de mujeres: madres, hermanas, hijas, amigas, compañeras de lucha. Mujeres que han convertido su dolor en una causa de vida, que, aunque cada día llevan la incertidumbre consigo, siguen con la firme convicción de no dejar de buscar. La marcha avanzó por el centro histórico, con pancartas levantadas, mostrando las fotos de sus desaparecidos, y con un grito lleno de desesperación que se niega a que la impunidad y el olvido les quiten lo único que les queda: la esperanza.

La familia de Daniela Martell Orozco llegó a esta segunda marcha con la misma exigencia con la que comenzaron hace un mes: respuestas. Daniela desapareció el 6 de enero de 2025, y desde entonces la incertidumbre ha sido una constante. “Estamos aquí porque son 31 días de su desaparición forzada, y seguimos sin avances significativos”, expresaron sus familiares.

Entre las familias que participaron en la marcha se encontraba la de Jenaro de Jesús Puente Contreras. Jenaro, un joven de 22 años, trabajador, desapareció en la comunidad de Bocas el 22 de marzo de 2024. Su tía, María Consuelo Puente Cerda, marchó junto a la madre de Jenaro y otros familiares, llevando su fotografía y esperando que su caso no sea olvidado.

“Ese día Jenaro estaba en su local, vendía cerveza. Llegaron unos hombres armados, preguntaron por el dueño del negocio y, cuando lo vieron, lo bajaron de la camioneta, lo tiraron al suelo y se lo llevaron. Mi hija estaba ahí, la obligaron a encarar el piso, no podía ver lo que pasaba”, narró la tía de Jenaro con la voz quebrada.

“Lo único que queremos es saber qué pasó con el. Vivir sin respuestas es como morir cada día”